Estos días en los que empieza a hacer frío en Madrid (bueno, fresquito soportable) y comiendo me he fijado a través de la ventana en una anciana necesitada que pone un pequeño puestecillo de mecheros y chicles en el lugar que, cuando hace más o menos bueno, ocupan las mesas del restaurante…
Esta señora mayor, desvalida y necesitada inspira una gran ternura, dan ganas de llevar a casa e invitarla a un plato de algo caliente y reconfortante…yo, como tengo debilidad por las personas mayores y necesitadas, siempre me compro unos chicles…porque la señora te mira con agradecimiento y una sonrisa…
Los mayores, cercanos y lejanos, tienen sus cositas…pero son los que nos han abierto camino, los que nos han dado las cosas que ahora tenemos y que, de puro cotidianas, hay veces que damos por sentado y no valoramos en su justa medida…
Esta señora, mayor, desvalida y necesitada anda con dificultad, tiene un abrigo blanco sucio, con una capucha que tiene toda la pinta de ser algún regalo…me recuerda a un señor mayor que siempre estaba pidiendo ayuda en un portal de Istiklal Cadessi en Estambul…al cabo de los meses, durante el comienzo de mi segundo y último otoño en Estambul dejamos de verlo…siempre me quedó la duda de qué pasó con aquel señor que, para más INRI, me recordaba a mi abuelo paterno…
En fin…que si podéis echar una manilla, de la forma que sea, a esos ancianos mayores, desvalidos y necesitados (en el sentido que sea) hacedlo…ellos os lo agradecerán…y vosotros os sentiréis muchísimo mejor…