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27 de junio de 2014

Surfing time is here

...y aunque no es tiempo de olas es el momento de surfear...
...es el momento de remar...
...el momento de hacer el pato...
...el momento de ponerme el neopreno para el frío...
...el momento de llagar al pico...
...el momento de ver venir la serie...
...el momento de buscar la ola adecuada...
...de reamarla...
...de caer por la pared...
...de notar el canto del boggie clavado en la pared...
...de subir desde el fondo...
...para volver a caer por la pared...
...para salir por encima de la ola...
...ya buscando la siguiente...
...sin llevarse un revolcón...
...ni tragar agua...
...ni comer arena...
...y nadar hacia la luz...
...summer surf is here...


24 de junio de 2014

El niño que miraba los trenes

Desde pequeño tuvo especial atracción por los medios de transporte en general y los trenes en particular. Le gustaba oirlos lejanos en las noches de verano desde su cuarto...era la época de los trenes lentos y pesados...que partían llenos de mercancías, personas y sueños al Norte...

Algo tenían los viajes en tren...de anticipación, de medir al resto de pasajeros con los que compartiría espacio durante horas...de ver pasar el paisaje perezoso delante de las ventanillas y bajar la ventana, cuando se todavía los trenes tenían ventanas que se podían abrir, para ventilar o simplemente asomarse timidamente para percibir mejor el olor a campo...

Fueron muchas excursiones dominicales en tren por los alrededores de su ciudad...en viejos expresos o precarios cercanías...mucho antes, como digo, de la época de los trenes rápidos y veloces...de clima controlado y que te llevan de acá para allá en tan sólo un suspiro...

Al niño que miraba los trenes le gustaba hacerlo...porque viajaba con su imaginación y, quizá, eran la forma de alejarse de la tensión y el ambiente enrarecido que le rodeaban...además, aprendió a disfrutar de los viajes queridos en soledad...acostumbrado quizá a hacer aquellos primeros viajes en compañía obligada. encontró momentos de calma dejando que sus ojos recorriesen los paisajes y su mente imaginase historias que iban cambiando a la velocidad del paisaje...

7 de mayo de 2013

Tras la puerta cerrada

Otra vez...otra vez...otra vez...todos los días se lo repteía a sí misma...otra vez...otra vez...otra vez...

Otra vez le he visto vagar  por su casa a través de las ventanas del patio mientras tiendo la ropa...otra  vez...

Ella sabía el por qué  de su caracter esquivo y taciturno...sabía que una chica le robó el corazón...sabía que desde entonces pasó años evitando cualquier cosa con tetas y falda...pero ella, espectadora fiel de la película que veía todos los días, sabía que en el fondo de aquella negritud había algo que merecía la pena...alguien a quien rompieron el corazón de aquella manera tenía que ser bueno, sensible y alguien que (si no se habia echado a perder) valdría la pena...

Un día por fin dio el paso...se acercó a la puerta de enfrente (ella vivía en el B y él en el A), llamó al timbre y le dijo: toma, te he traído algo de cena...es suficiente para dos personas...¿me invitas a cenar?...él no supo que decir...le cogió tan de sopetón que se hizo a un lado y la franqueó el paso a su casa...que a pesar de lo que todos podéis pensar estaba impecable y en perfecto estado de revista.

Comenzaron a charlar...ella llevando el peso de la conversación y él dando pequeños pasos...poco a poco y sin darse cuenta un día él llegó a su casa...y en el B ya no había nadie...estaba la casa vacía...miró a la izquierda a esa puerta como siempre que salía del ascenso...giró a la derecha...sacó las llaves...abrió y al entrar a su casa se encontró con ese olor que tanto le gustaba...al café recién hecho en una tarde desapacible de otoño y a ella esperándole con la mayor de las sonrisas que alguien pudiera imaginar...la misma que tienes el día después de un  primer  beso...

Habían pasado muchos meses desde que ella se fué del B para cruzar el descansillo...un día en el que ella le dijo...yo te conozco...y se lo que ha habido estos  años a puerta cerrada...no te preocupes...y él la dijo...sí, ven...porque contigo puedo ser yo...y eres tú.

Inspirado en una historia  real que me contaron  el otro día entre gin tonics y desafinos...como las pelis de Antena 3...

16 de noviembre de 2012

Sin hilos...

...nos movemos...
...nos mueven...
...marionetas sin hilos...
...que siguen el paso...
...compases lejanos...
...compases cercanos...
...marcados a fuego...
...andando caminos...
...antes marcados...
...marionetas ciegas...
...que no quieren ver...
...que siguen el paso...
...de compases lejanos...
...de compases cercanos...
...marcados a fuego...

13 de noviembre de 2012

Aquel libro...

...lo que me faltaba pensó mientras devoraba página tras página de aquel libro oscuro, denso a veces y que le enfrentaba con las partes más oscuras de sus soledades y ausencias...

Por si no tuviera bastante con las cosas como estaban tuvo que leerse aquel libro...a él siempre le gustó la prosa a veces enrevesada pero siempre melancólica de ese curioso escritor burgués de gafas y uno de los símbolos de modernidad de su país...

Mientras leía, él y sólo él, acompañaba al protagonista del libro por las empinadas calles de su ciudad, sentía el mismo frío en invierno, el calor húmedo en verano, iba a las mismas fiestas y coleccionaba las mismas cosas mientras se tumbaba en la  misma cama...

La única diferencia eran los 30 años que separaban las distintas épocas que les había tocado vivir...que curioso se dijo...justo ahora han publicado este  libro...justo ahora...

Él , como el personaje a quien acompañaba, tenía la manía de acumular recuerdos y fetiches y, en sus momentos de melancolía más oscura, perseguir sombras, imaginar situaciones y dejarse flotar en las aguas de su imaginación...porque el también era el personaje del libro...porque a él también la vida le tiñó los ojos de melancolía y pesimismo...disfrazados  de realismo...

Al igual que las personas que aparecían en la foto de la portada de ese libro su vida parecía estar destinada al vino y a las rosas...pero  si bien podría parecerlo...la realidad era bien  distinta...puesto que, repito, como el personaje de ese libro (que por cierto jamás volvió a leer) le gustaba perseguir esas sombras y esos reflejos del pasado...sin saber que lo que perseguía lo tenía tan delante, tan cerca que no lo podía ver...porque no perseguía a nada ni a nadie...tan solo se perseguía a si mismo y a lo que puedo ser y no fue...


15 de octubre de 2012

El coleccionista de nombres


Mucha gente colecciona cosas, objetos, recuerdos de todo tipo y por infirnidad de causas...él, sin embargo, coleccionaba nombres...

Desde pequeño sentía curiosidad por los nombres y apodos recitados como letanías en las largas sobremesas familiares. Al principio coleccionaba nombres de parientes que hacía largo tiempo que abandonaron el mundo de los vivos para convertirse en fotos en color sepia con sus nombres apuntados al dorso...más tarde comenzó a coleccionar nombres de compañeros de colegio, de amigos de otros  sitios...

Con el paso del tiempo empezó a sentir curiosidad, y por lo tanto a coleccionar, nombres de calles, de barrios, de pueblos y de ciudades...luego de marcas, luego de especies animales...

Por último, y con el advenimiento  de la era digital, empezó a coleccionar perfiles de las distintas redes sociales en la que se fue dando de alta...un día se dio cuenta de que lo que realmente le gustaba, más que coleccionar nombres en sí, era imaginarse las vidas y peripecias de  sus propietarios, quien sería aquella persona a la que le dedicaron aquella calle o por qué aquel barrio se llamaba así...

O no...o tal  vez todo comenzó por un intento de escapar de su propia realidad y dejar que su incontrolable  imaginación le llevara a algún sitio mejor...

9 de octubre de 2012

Esos balcones...

...maldita sea...otra vez esa sensación...cada vez que pasaba por ahí debajo notaba como si alguien le estuviera mirando...o como si tuviera que levantar la mirada atraído por algo en especial...

No era la primera vez que le pasaba y sabía que esa sensación no le iba a abandonar...tampoco la necesidad de pasar por ahí...a pesar de que esa esquina no estuviera cerca de su camino habitual....

No  tenía nada que ver con las personas que habitaban aquella casa...ni tampoco con ese barrio...pero dentro de él había algo que le decía que a lo mejor estaba equivocado...o simplemente era su solitario corazón de huérfano buscando algo que solamente conoció por las cursis series que veían en la sala de televisión todos juntos mientras aguantaba las bromas de los niños de más edad...

Pero  ahí estaba otra vez...con sus orejas de soplillo, sus pantalones por la cintura y  esa sensación de mirarse en un espejo cada vez que pasaba volvía a pasar por ahí...


12 de septiembre de 2012

Lluvia

A él siempre le gusto ver llover...le gustaba cualquier tipo de lluvias...desde ese orballo que filtra la luz para convertir  el paisaje en algo completamente distinto hasta la tormenta más sobrecogedora que se pudiera imaginar...de esas tormentas que hacen que sea de noche en mitad del día...

Máldita sea!, se dijo...parece que me gusta aquello que hace que las cosas se vean distintas...o que simplemente se dejen de ver...

Le gustaba la lluvia porque entendía que el agua, mejor que el fuego, tiene un efecto purificador y de limpieza...todavía recordaba algún episodio de su adolescencia...cuando las tormentas de verano en su ciudad eran más frecuentes, violentas y repentinas...cuando después el cielo de la ciudad se quedaba limpio y aquellas primeras copas sabían mejor al librarse del calor...

Más tarde la lluvia cambió de contexto...él recordaba una mañana de otoño en aquella ciudad del norte de casas de ladrillo y canales en la que todas las calles son iguales...y ese día estaban llenas de hojas que hacían que no se distinguiese apenas qué era suelo y  qué era pared...

Al final volvió sus ojos a su infancia, a buscar los recuerdos bonitos (alguno tendría que tener) y decidió que la lluvia sería algo bueno...como cuando era pequeño y se quedaba embobado mirando a través de la cristalera de la terraza...o como cuando se encaramaba al piso más  alto de su casa para, con medio cuerpo asomando  al vacío, estirar el cuello y la vista para ver los rayos de las tormentas de verano...

16 de agosto de 2012

¿Te acuerdas?

...que mal lo pasábamos entonces...cuantas estreches y cuanta escasez., ¿recuerdas cuando íbamos con la cartilla de racionamiento a por lo básico?...que pena que tuviéramos que vender aquel recuerdo de mamá para ir tirando y comprar cosas a los  estraperlistas.

Eran años difíciles, años en  los que poco a poco nos levantábamos después de aquella Guerra que nos enfrentó a nuestros amigos, hermanos y demás personas...que sacó lo peor de nosotros y que a nosotros nos cogió lo suficientemente jóvenes para que yo no tuviera que ir al frente y tu no tuvieras que entrar a servir en una de esas casas de granito que hay subiendo a la Ermita...

Poco a poco fuimos tirando,  criando a los hijos, comprando el pisito en ese barrio de aluvión en medio de la nada y lejos de todo lo demás y escapando los  fines de semana que podíamos a casa de mis padres en ese tren tan lento y desvencijado que salía de la Estación del  Norte...

Luego los hijos se fueron haciendo mayores y volvimos a estar solos en el pisito...que vendimos para mudarnos de vuelta al pueblo, a la pequeña casa que nos dejaron mis padres y que arreglamos con el dinero que sacamos de la venta...

Volvimos a disfrutar del pueblo, de los fríos inviernos y frescas noches de verano, de ver como los veraneantes cambian, como van y vienen...este año se nota eso que se dice de la crisis...porque hay mucha más gente que otros  agostos...

Pero a ti y a mi nos da lo mismo porque volvimos a ver los fuegos de artificio como en aquel verano del 44...después de ver aquella película con Imperio Argentina y las noticias en el NO DO del avance de los Aliados por Europa...han pasado tantos y tantos años...muchas cosas...pero tu y yo seguimos  aquí abrazados en la Lonja del viejo Monasterio...como aquel verano cuando nuestras familias por fin nos dieron  permiso para cortejarnos...para pasear juntos, darnos la  mano y robarnos algún beso casto en la mejilla en los soportales del final...

Nos hacemos mayores y el paso de los años y los achaques no perdonan...pero mientras podamos seguiremos viniendo aquí todas las noches...aunque tu jamás volvieras después de aquel verano...y a mi me matase aquella máquina en la fábrica en la que trabajaba...


24 de julio de 2012

El Abismo

Ella sabía que un paso más, tan solo uno, la conduciría a ese abismo que tanto temía...la volvería a llenar de ese vacío, si uno alguna vez puede llenarse de eso.

Él , por su parte, vio el peligro en sus ojos...habían sido demasiadas veces en la que había salido corriendo con las orejas gachas, el rabo entre las piernas y el corazón sangrando a manos llenas...

Ellos no se dieron cuenta en un  principio...pero a los dos les asaltaban las mismas dudas, los mismos miedos...detrás de  las estrategias, detrás de las bellas caras tan  sólo había miedo al vacío y a la soledad que vienen después de regalar su cuerpo a extraños...de subastarse al peor postor con tal de sentir de nuevo el calor de un abrazo o la humedad de una lengua en su boca.

Y sin embargo ahí estaban...abrazados como un naufrago  a cualquier resto flotante del barco hundido de sus vidas, con ese olor tan característico de una habitación después de lo que había ocurrido con la puerta cerrada...eran, a la vez, el niño perdido en el bosque y el lobo que le acecha...

No sabían nada más que una cosa...que eran demasiado iguales para no verse más...y que eran demasiado iguales como confiar plenamente en el otro...en esto pensaba, cada uno con la mirada fija en aquel techo lleno de humedades que tantas parejas furtivas había visto pasar...el peso de los camiones al pasar hacía temblar la estructura de la pensión del medio oeste americano...un sitio perdido de Dios...en el que dos almas tristes y solitarias trataban de encontrarse...no el uno al otro...sólo a sí mismos.


23 de julio de 2012

¿Te lo subo?

Ojalá algún día se de cuenta...este pensamiento le volvió a asaltar al colgar el teléfono en su garita de portero  en aquella casa a las afueras de Madrid.

Cada vez que le saludaba cuando volvía de compras, o cada vez que él, solícito y dispuesto como uno de esos perros labradores de los anuncios, le subía alguna carta o le ayudaba con la compra.

Nada volvió a ser igual desde aquel día en el jardín de la universidad de filología, ella acudía a recoger a su hermana, compañera de suya de clase, cuando la vio...algo se le removió dentro y sintió su olor y el tacto suave de su piel pecosa en la distancia...desde ese día él solo tuvo ojos para ella e hizo todo lo posible para seguirla en la distancia...

Pasaron los años y sus vidas transcurrieron paralelas sin que ella jamás lo sospechase, aquel día  en la facultad jamás hablaron, ella ni siquiera le miró...pero a él jamás la olvidó, jamás dejó de soñarla...años  más tarde se  reencontró con su compañera de clase, y esta como comenta sobre el tiempo le dio la clave...le dijo donde ella  vivía y qué  había sido de su vida...él no lo dudó ni un instante, estaría cerca de ella sólo para verla y poder cruzar dos palabras con ella...siempre respetuoso, siempre tratándola  de Usted pero  siempre con su nombre en la boca.

Había conseguido plaza de profesor en esa universidad  privada de la sierra donde  iban los retoños de la clase acomodada a cumplir con el trámite de estudiar  una carrera antes de enrolarse en las elitistas escuelas de negocio a las que fueron sus padres...él estaba harto y lleno de rencor hacia estos  cachorros de la clase  dirigente...pero tenía su válvula de escape, su pequeña ilusión que vivía en soledad y silencio...

Todo esto pasó por  su cabeza cuando ella bajó de nuevo...arreglada ese domingo por la mañana y con sus sonrisa de niña en la  cara...él levantó brevemente la  mirada de aquel libro de Bernard Shaw...él soñaba con que ella fuera su Henry Higgins...que le enseñara esa vida mejor y más refinada que él intuía...tanto los domingos haciendo  el turno de portería  en su edificio como en sus clases en la universidad...porque él sacrificó todos sus fines de semana, todos sus festivos para trabajar en aquel portal, con ese pantalón gris y camisa azul característicos del personal de servicio para estar cerca de ella, para no olvidar  su olor ni dejar de imaginar el  tacto  suave de aquella piel blanca y pecosa...


17 de julio de 2012

El salvaje

Nunca lo superaste,  ¿verdad?...esta pregunta, hecha con un tono a mitad de camino entre la compasión y el desprecio, resonó en aquella vieja comisaría de  la policía local de aquel pueblo perdido...

Iba dirigida a la sombra de quien había sido un gran hombre...ahora reducido a un balbuceante ser a mitad de camino entre un hombre y una alimaña del campo...

Él era feliz, lo tenía todo...una  mujer inteligente y distinguida que lo adoraba, unos hijos que no hacían más que darle satisfacciones y un trabajo en el que era reconocido como una de las primeras figuras en todo el mundo...sin embargo todo se vino abajo el día aquel...ese día en el que no tendría que haber ido a trabajar a pesar de ser festivo...pero siempre le pudo su sentido del deber y la responsabilidad de sacar aquello adelante...de evitar que todo se fuera al garete y  todos los que dependían de su trabajo quedasen en la más absoluta miseria.

Como tantos otros sábados iba camino de su lujosa oficina en su pequeño utilitario...tenía más coches, pero le gustaba conducir aquella reliquia de sus años universitarios, le mantenía pegado a la realidad y le protegía de los cantos de sirena y del oropoel que le rodeaban en su día a día...

Mientras recorría aquel camino de nuevo iba pensando en sus inminentes vacaciones...merecidas y anheladas después de un año de grandes tensiones...iba tan absorto en aquello que le ocupaba que no fue hasta pasado un rato que no se dio cuenta de lo que sucedía en el coche de al lado...la pareja que lo ocupaba  discutía a gritos...él no veía la cara de ella, tapada por el conductor del coche vecino...hasta que después de que sonase un estallido este  abandonase el coche a la carrera...y entonces la vió...con una mancha oscura que crecía por  momentos en el estómago...vio su cara, sus ojos llenos de terror y sorpresa al verle mirarla...él se bajó de su coche, la recogió en sus brazos y después de sentarla en el asiento del conductor de  su coche le preguntó, ¿por qué lo has hecho?, ¿en qué he fallado?, pensé que tenías todo lo que querías...no hice otra cosa que trabajar para dártelo todo...

Ella, notando como el frío y la oscuridad la penetraban no pudo más que contestar...me faltabas tú...que es lo único que necesitaba...con esto expiró...

Cuando los noticieros  dejaron  de lado aquella historia él dejó a sus hijos con los padres de ella y simplemente desapareció...de nuevo su historia ocupó titulares y tiempo en los talk shows...se barajaron miles de hipótesis sobre su paradero...incluso alguien afirmó haberle visto en Brasil...

Nada de lo anterior era cierto, sin ir más lejos desapareció en los montes de su niñez, en aquellos donde tantas veces había jugado a la guerra y que tan bien conocía...hasta aquel día que lo sorprendieron rebuscando entre los  desperdicios de la casa rural aquella de la que se alimentaba como un animal herido...

Lo demás ya lo supondréis...pero él no consiguió volver a ser humano...le faltaba lo más importante, lo que más paz le dio nunca y lo que más quiso...en cuanto pudo volvió a desaparecer en el bosque y nunca más nadie supo de él...

P.D Inspirado en los relatos  de Queca, para ver si se anima y vuelve a escribirnos.